Así fue el Seminario Danza Viva en Bogotá

Entre entre el 16 y el 18 de noviembre del 2019 se llevó a cabo el Seminario Danza Viva en la ciudad de Bogotá. La Casona de la Danza albergó durante tres días este espacio de reflexión y construcción teórico-práctica centrada en los ejes de Pedagogía, Creación, y Cultura-Comunidad-Territorio para la danza; los cuales desde el Programa Danza Viva se han identificado como conceptos orientadores de base para ampliar los desarrollos y fortalecer los procesos metodológicos, estéticos y de apropiación de la práctica de la danza en el país.

El sábado 16 de noviembre estuvo dedicado al módulo Cultura, Comunidad y Territorio; orientado por Ana Milena Navarro, gestora cultural, bailarina e investigadora en artes escénicas. Como es costumbre en Danza Viva, este espacio comenzó con una construcción conceptual colectiva, con el fin de llegar a acuerdos en torno a los temas y elementos de trabajo reflexivo. El rótulo Cultura, Comunidad y Territorio fue el primero en cuestionarse: ¿Qué se comprende por cada uno de estos conceptos y cómo se cruzan en la práctica? Esta conversación transitó por elementos como la tradición y la identidad, así como sus relaciones con la práctica de la danza; que derivaron en preguntas sobre la multiculturalidad, la pluriculturalidad y la interculturalidad.

Posteriormente, estos conceptos se hicieron prácticos en una breve expedición a la Plaza del Chorro de Quevedo, donde se planteó una actividad de observación, registro y discusión. Lo que inicialmente eran palabras se materializó en sabores a chicha, café, cerveza y obleas; olores a arepas rellenas, genovas, salchichones, chorizos y cigarrillos de todo tipo; sonidos de una babel de acentos e idiomas, músicas del mundo, cuentos y conversaciones; colores de murales y grafitis, por una parte, y yarumos, azaleas, botones y sietecueros, por otra. Los ojos de la danza no dejaron pasar por alto las corporalidades y movimientos de quienes habitan este lugar: la aguzada movilidad de los comerciantes, la soltura y el ‘relajo’ de los jóvenes universitarios, las poses artificiales de quienes se toman fotos en los murales, la agilidad de los malabaristas, el histrionismo de los cuenteros: el Chorro de Quevedo es un embudo arquitectónico y social, un escenario para el encuentro plagado de símbolos en torno a los cuales se unen sus habitantes. Una reflexión final, a cargo de Ana Milena, posibilitó comprender que la interculturalidad, lejos de ser un concepto, es una práctica que ofrece al creador un inacabable material para su trabajo.

El domingo fue el día de la pedagogía. Estuvo a cargo de Ana Carolina Ávila, profesional en Artes escénicas con énfasis en Danza contemporánea de la Academia Superior de Artes de Bogotá. Ya antes habíamos hablado de su propuesta pedagógica, que cuestiona las motivaciones y aprendizajes que se esconden tras la formación en danza. La construcción conceptual del segundo día de trabajo exploró las relaciones entre el tema del día anterior (Cultura, Comunidad y Territorio) con dos nuevos elementos: la pedagogía y la creación.

Para hacerlo, Ávila preguntó a cada uno de los participantes cómo había iniciado su relación con la danza, con el fin de poner en evidencia la trascendencia de aspectos como el ámbito familiar, el temor ante los retos técnicos, el despertar de una nueva conciencia del cuerpo, la construcción de identidad, los afectos que se construyen en el mundo de la danza y cómo todo esto construye un mundo íntimo en los estudiantes, que el docente debe tener en cuenta en el momento de plantear su proyecto pedagógico.

Posteriormente, los participantes hablaron de sus maestros más influyentes y qué habían aprendido de ellos, lo cual permitió comprender la labor formativa a partir de elementos como la inspiración, el ejemplo y la visibilización o invisibilización del estudiante por medio de la palabra; con lo cual Ávila cuestionó el poder del formador para invitar al estudiante a amar o tener una relación conflictiva con el conocimiento. Finalmente, Ana preguntó a los participantes por un caso de un estudiante problemático, que hubiese supuesto un reto o un aprendizaje para los participantes; con lo cual se concluyó que el docente no es invulnerable, no puede conocerlo todo, y por lo tanto esta vulnerabilidad es una herramienta para la transformación de sus prácticas. Con estos elementos conceptuales, como en el primer día, se materializó una actividad práctica encaminada a la construcción de estrategias didácticas y pedagógicas para la enseñaza de la danza.

El último día, un lunes frío y lluvioso, Juan Carlos Ortiz estuvo a cargo del módulo de Creación. Ortiz es maestro en Artes escénicas con énfasis en Danza contemporánea de la Facultad de Artes de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, y se ha desempeñado como profesional en el Programa Cultura en Común. Su propuesta inició con un reto: cada participante, con lo que tuviera a la mano, debía construir una instalación que contara quién es y cuáles son sus intereses. El salón de danza se transformó en una galería íntima, donde los participantes materializaron su identidad y leyeron la de los demás. Posteriormente, las instalaciones se hicieron cada vez más simples conservando la idea y el mensaje iniciales. Con este ejercicio, Ortiz planteó un primer tránsito de lo complejo a lo simple.

Y todavía faltaba el viaje de vuelta. Este se hizo por medio del cuerpo, partiendo de movimientos simples y aleatorios, que se hicieron cada vez más complejos por medio de la exploración con recorridos y desplazamientos; el tránsito por diferentes niveles del espacio; la repetición e intencionalidad del movimiento; la inclusión del silencio y la quietud; la experimentación con distintos tipos de música; y, en general, múltiples formas para complejizar el movimiento de manera conciente. Este ejercicio permitió comprender cómo es el movimiento propio, desde qué elementos se construye y qué sensibilidades despierta en cada bailarín. La observación y retroalimentación colectiva mantuvo siempre en tensión las relaciones entre el movimiento natural y las estructuras técnicas a las que este se enfrenta el creador en la danza. Finalmente, la relación con el otro y con el espacio hicieron de estos ejercicios individuales una creación colectiva, que, humedecida por la lluvia, concluyó con tres días de reflexión y aprendizaje en torno a la formación y creación en danza en Bogotá.

 

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