La danza teje amigos en el Catatumbo

Entre el jueves 9 y el domingo 13 de octubre se realizó en Ocaña, Norte de Santander, el último módulo del Diplomado en Cuerpo y Movimiento para la reconstrucción del tejido social, que hace parte del programa Expedición sensorial y parte de las estrategias pedagógicas con enfoque diferencial del Componente de formación del Plan Nacional de Danza, que buscan aportar al desarrollo de un trabajo sensible para la reconstrucción del tejido social y la revitalización de prácticas culturales en contextos de alta vulnerabilidad de los derechos humanos y culturales. Este proceso es realizado por la Corporación Dunna: Alternativas creativas para la paz en alianza con la Fundación Bolivar Davivienda, quienes adelantan desde el 2010 iniciativas encaminadas a reparar individuos y reconstruir el tejido social de comunidades en contextos de alta vulnerabilidad, mediante estrategias basadas en las artes y en estrategias mente-cuerpo.

El diplomado inició con el módulo Cuerpo, danza, movimiento y transformación, a cargo de Gabriela Martínez, donde los participantes realizaron una introducción a los conceptos principales utilizados en las terapias de las artes, como metáfora, simbolismo, creatividad, imaginación y lenguaje no verbal. Continuó con el módulo Proceso creativo significando la relación con el otro, donde María Andrea García orientó una búsqueda para llegar al reconocimiento del potencial expresivo y creativo con el que cada quien cuenta de manera individual y en relación con el otro. Ana Carolina Ávila estuvo encargada del tercer módulo, Cuerpo social, memoria colectiva e identidad, que propone un espacio de exploración de la memoria grupal y las nociones de identidad, en relación con las manifestaciones dancísticas presentes en cada región, así como su posible uso en beneficio de la comunidad. Pero todavía faltaría un módulo más, llamado Ritual, comunidad y tejido social.

En Ocaña se reunió un diverso grupo de formadores de diferentes municipios del Catatumbo, quienes orientan procesos de formación artística en áreas como el teatro, la danza, la música y las artes visuales. El último módulo del diplomado inició en torno al fuego de una veladora, con la cual se evocaban, día tras día, el inicio y el cierre de las sesiones de trabajo. Esta fue solo una de las estrategias psicopedagógicas empleadas por María Teresa Jaime, bailarina de danza contemporánea, magíster interdisciplinaria en Teatro y Artes Vivas y ante todo pedagoga, con una amplia experiencia en el trabajo con comunidades.

La exploración de las emociones propias es un camino obligado por el cual debe transitar todo profesional que aspire a trabajar en el mundo emotivo de otros, especialmente en una región como el Catatumbo, donde todavía se encuentran frescas las huellas de la historia el conflicto armado colombiano. Es este el caso de los formadores de Expedición sensorial, quienes en su trabajo cotidiano deben enfrentar el dolor, las heridas y las emociones de quienes participan de sus procesos formativos, muchas veces sin las herramientas psicosociales necesarias para hacerlo.

Por ese motivo la metodología de Jaime parte de la exploración con las experiencias y las emociones propias, como un camino para aprender y descubrir cómo trabajar con el mundo emocional de los demás. Las actividades realizadas durante los cuatro días de este módulo propusieron viajes al interior de los participantes, recorridos íntimos, donde los viajantes visitaron sus espiritualidades diversas, sus afectos, sus familias, sus infancias… un viaje en el cual siempre contaron con un paisaje simbólico cargado de ternura, amistad y cuidado; a veces con el necesario complemento de un abrazo, una mano sobre el hombro o el respeto al silencio y la soledad: “he aprendido que después de pasar por un momento de ruptura, de quiebre de la vida, los procesos de reparación no pueden dejarlo a uno igual, como estaba antes. Pero sí permiten que uno se transforme y transforme esas rupturas”, asegura Grecia, una de las participantes.

Al ingresar al amplio salón donde se realizaba la actividad, llamaba la atención que la mayoría de los integrantes de este proceso fueran hombres. Este aspecto no pasó inadvertido para ellos mismos, que en muchas de las acciones del módulo se vieron enfrentados a sus formas de concebir la masculinidad: “para mí al principio este ejercicio fue muy difícil, porque no estoy acostumbrado a tocar, a acariciar, a este tipo de contacto físico con otros hombres”, aseguraba -todavía sonrojado- uno de los participantes; después de un ejercicio en parejas en el cual se propuso mirar al otro a los ojos y sostener, por unos minutos, un apretón de manos. “Algo que descubrí es que los hombres tenemos muchas marcas de nuestra niñez, de nuestra educación, y esas marcas se convierten en límites para dejar salir lo que sentimos. Y la verdad es que tenemos mucho para brindar, uno está lleno de amor para brindar”, le responde otro compañero. “Y también es necesario aprender a recibir ese amor” complementa María Teresa.

Como este, muchos diálogos fueron suscitados a raíz de las actividades propuestas por el módulo, donde la luz de las velas, el contacto, la construcción de relaciones afectivas y la comunicación con el cuerpo posibilitaron enfrentarse, con nuevas herramientas, a las preguntas que dejan los retos diarios de trabajar con el arte y las emociones. En una sociedad lastimada en sus afectos, cada nuevo amigo, cada sensibilidad que despierta, es una puntada para reconstruir las heridas del tejido social.

Ocaña – La Danza Teje Amigos En El Catatumbo

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