La danza y la pedagogía se encontraron en Barranquilla

Cuando Gabriel García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura estuvo acompañado por una nutrida delegación cultural, que viajó con él para llenar de color uno de los momentos más recordados de la historia de Colombia. El periodista Roberto Posada García-Peña, conocido como D’Artagnan, aseguró que esta delegación iba a hacer ‘un oso’ en la acartonada ceremonia realizada en Estocolmo. Maribel recuerda entre risas que, después de una brillante presentación, Leonor González, ‘la negra grande de Colombia’, le regaló a D’Artagnan un oso de peluche que le trajo desde Suecia: «mira, este es el oso que hicimos», le dijo entonces. Posada guardó este obsequio con cariño hasta sus últimos días.

Y es que en Barranquilla la danza está inevitablemente ligada al carnaval, al color y a la alegría de bailar. Así lo hace sentir Juana, quien utilizó las baldosas ajedrezadas de la Intendencia Fluvial de Barranquilla para explicar a sus compañeros, paso a paso, cómo se baila la danza del congo. Este ejercicio hizo parte del Módulo de Pedagogía del Diplomado Danza Viva, que invita a formadores de todo el país a reflexionar sobre sus prácticas pedagógicas, para fortalecer sus estrategias metodológicas y didácticas de la danza, con el fin de cualificar sus procesos de formación.

La encargada de orientar este espacio fue Ana Carolina Ávila, profesional en Artes Escénicas con énfasis en Danza Contemporánea de la Academia Superior de Artes de Bogotá. No es posible hablar con Ana sobre pedagogía sin hablar de su vida, de su historia y de su forma de sentir la danza y el mundo en que se mueve: su padre nació en el Cesar, es politólogo y para su hija es «un inglés con guayabera». Su madre es diseñadora gráfica, «pasó de coser los libros a diseñarlos», afirma Ana con un gesto de admiración. Ávila está hecha de las tensiones de la danza entre  opuestos: el calor del Cesar y el frío del altiplano, el método Vaganova y la salsa en el barrio Kennedy, las formas de la guerra en su labor con la Unidad de Víctimas y la paz de sus búsquedas ancestrales.

Transitar por la historia de Ana Ávila es caminar por su propuesta pedagógica, que se teje a partir del diálogo entre las experiencias personales y la historia de la danza, la construcción y deconstrucción de las prácticas pedagógicas, la investigación y reflexión sobre el sentido de lo que bailamos y enseñamos. Todos estos temas tienen como eje la columna vertebral -«el disco duro del cuerpo» según Ávila-, la conexión kinésica por medio de la música y el movimiento natural. La pregunta permanente sobre por qué las danzas son como son lleva siempre a la máxima del Módulo de Pedagogía: «haga lo que quiera, pero sepa lo que está haciendo y por qué lo está haciendo».

En términos cronológicos, el módulo estuvo dividido en cuatro días: el primero de ellos estuvo dedicado a retomar los módulos anteriores (de Creación, con Álvaro Fuentes, y de Cultura, comunidad y territorio, con José Luis Tahua). A partir de las reflexiones y aprendizajes de estos momentos, Ávila propuso una discusión sobre conceptos como la danza, el cuerpo, el formador y el estudiante. Este marco permitió abordar la pedagogía desde sus prácticas invisibles: aquellas que se apoyan en las emociones, la intimidad, lo conceptual y lo metodológico. «No trabajamos contenidos, sino fondos» explica la docente.

El segundo día estuvo dedicado a las didácticas de la danza y sus conexiones con la pedagogía y las metodologías. Entre cuerpos y letras, esculturas móviles, máquinas humanas, cadáveres exquisitos y otros ejercicios, se realizaron ejercicios de imaginación dirigida; que fueron posteriormente replicadas por los participantes con estudiantes de la Universidad del Atlántico. Temas como la claridad al transmitir instrucciones, mantener el ritmo de las clases, capturar la atención de los alumnos, explicar con el propio cuerpo, entre otros; fueron temas centrales en este ejercicio práctico, que fue un insumo para el tercer día de trabajo, donde se hizo mayor énfasis el sentido de la formación en danza, sus géneros y las tensas relaciones entre tradición, hibridación y mestizaje.

Un recorrido por la historia de la danza en el mundo y en Colombia sirvió como punto de inicio para reflexionar sobre la necesidad de asumir la danza como documento, donde pueden leerse vestigios de la relación entre el cuerpo y la cultura a lo largo de la historia. Este tránsito por las formas y géneros de la danza posibilitó además comprender su importancia en la construcción de las identidades nacionales, su incidencia política y la responsabilidad de los maestros de investigar, dar sentido a los procesos de enseñanza y deconstruir conceptos por medio de la práctica danzaria. Este ejercicio teórico derivó en un trabajo por grupos, donde la discusión se hizo práctica en la construcción de didácticas para enseñar la danza. Este texto inicia con dos fragmentos de esa actividad.

El domingo, con el sol barranquillero entrando por las ventanas, el grupo Estampas Colombianas fue el protagonista de la última jornada de trabajo. 25 jóvenes participaron de un ejercicio pedagógico en el cual se retomaron los aprendizajes del módulo, entre risas y sonidos de máquinas humanas. Esta actividad culminó con una reflexión sobre el papel del docente, las preguntas que orientan su práctica y cómo su quehacer se relaciona con la cotidianidad del ser humano que la desempeña. Un abrazo colectivo fue el cierre del Diplomado Danza Viva en la ciudad de Barranquilla.

Barranquilla – Módulo De Pedagogía

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2 comentarios sobre “La danza y la pedagogía se encontraron en Barranquilla

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