Danza y tejido social: una conversación que inicia en Buenaventura

Las huellas de los contextos sociales y afectivos en los que vivimos son visibles en nuestros cuerpos y, según la bailarina y danzaterapeuta María Andrea García, también en él se encuentran las herramientas para intervenir a personas y grupos sociales desde la danza.

Esta premisa se desarrolló a profundidad en el taller Formación en Herramientas desde el Cuerpo, Danza y Movimiento para la reconstrucción del tejido social en población víctima y/o vulnerable, que se llevó a cabo entre el 26 y el 28 de julio en la ciudad de Buenaventura, como parte de las estrategias pedagógicas con enfoque diferencial del Componente de formación del Plan Nacional de Danza, que buscan aportar al desarrollo de un trabajo sensible para la reconstrucción del tejido social y la revitalización de prácticas culturales en contextos de alta vulnerabilidad de los derechos humanos y culturales. Este proceso es realizado por la Corporación Dunna: Alternativas creativas para la paz en alianza con la Fundación Bolivar Davivienda, quienes adelantan desde el 2010 iniciativas encaminadas a reparar individuos y reconstruir el tejido social de comunidades en contextos de alta vulnerabilidad, mediante estrategias basadas en las artes y en estrategias mente-cuerpo.

La encargada de orientar este espacio fue María Andrea García, de la Corporación Dunna, quien estudió psicología en la Universidad de Richmond, Inglaterra, país donde realizó también su Maestría en Danza Movimiento Terapia. Su propuesta se basó en la exploración del cuerpo y la danza más allá de sus posibilidades estéticas, para comprenderlos como partes de un proceso más amplio, de comunicación no verbal. El taller partió de preguntas y preocupaciones de los participantes quienes plantearon situaciones y retos que enfrentan habitualmente en su quehacer como formadores o creadores en el campo de la danza. Así, el espacio estuvo enfocado inicialmente en compartir estrategias desde el movimiento para abordar las complejidades del otro, sus miedos, heridas y necesidades afectivas; con el fin de proyectar este trabajo hacia el escenario social y comunitario.

La metodología empleada por la docente inició con una transición desde las pautas de movimiento y los esquemas aprendidos hacia la exploración de movimientos propios, que dieran cuenta de las emociones, las concepciones de sí mismo, las conexiones con los lenguajes del cuerpo y cómo a partir de estos se transmiten historias y memorias. Estos ejercicios de empatía kinestésica permitieron establecer diálogos, expresar y escuchar al otro a partir de la comunicación no verbal.

Ejemplo de lo anterior fue el Ejercicio de la hoja en blanco, en el cual se utilizaron hojas de papel no para escribir, sino para comunicarse con otra persona por medio de acciones como rasgar, doblar, separar, recortar, plegar, arrugar, entre otras. Sin palabras ni gestos de por medio, este ejercicio sugirió reflexiones, historias y diálogos donde el conocimiento mutuo partía de lo sensible.

El curso del taller siguió una ruta desde lo personal e íntimo hacia lo social y colectivo; donde se hizo énfasis en la incidencia de los movimientos de una persona en el conjunto y cómo a partir de esta práctica se construye y reconstruye el tejido social. Uno de los ejercicios que evidenció este proceso partió de las calidades de movimiento propuestas por el coreógrafo e investigador húngaro Rudolf Laban: a partir de elementos como el espacio, el peso; la fuerza o suavidad; la rapidez o lentitud; la tensión, contensión y relajación de los moviemientos; se propusieron relaciones kinésicas y emocionales entre los asistentes, enfocadas a reconocer cómo el cuerpo puede usarse como instrumento para identificar y transformar los contextos sociales y comunitarios, por medio de lecturas y ejercicios conscientes en los cuerpos individuales.

Entre los principales logros del taller, de acuerdo con los asistentes, estuvo la comprensión de que muchos de los problemas que enfrentan los procesos dancísticos en Buenaventura son compartidos, pero no se hacen comunes. La construcción de un grupo de amigos, el fortalecimiento de la confianza y la definición de retos y objetivos comunes fue un primer paso para que la danza trascienda los espacios escénicos y formativos, con el propósito de asumir un nuevo lugar como herramienta de diálogo y comunicación, de reconocimiento de sí mismo y del otro y, especialmente, como una estrategia para intervenir y aportar a la construcción del tejido social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *